Las estadísticas sobre el endeudamiento familiar son concluyentes: el 17% de los préstamos personales o tarjetas de crédito bancarias se encuentran en mora, y lo mismo ocurre con el 30% de los préstamos otorgados por billeteras virtuales. La mora afecta a quienes registran más de 90 días de atraso. La mora no toma en cuenta las deudas por plazos menores, ni, desde luego, a aquellos que han dejado de pagar el alquiler o sus consumos más elementales para poder cumplir con sus compromisos financieros; han preferido el default comercial al financiero. El gobierno intenta zafar de la discusión con el argumento de que se trataría de un “diferendo entre privados”. El default de los deudores puede desatar una ruptura de la cadena de pagos y una crisis de conjunto del régimen libertario. A través de las cuentas sueldo y las previsiones, los ingresos del trabajo se encuentran bajo la égida de los bancos. De este modo, los bancos han montado un sistema de financiamiento con respaldo en esos activos. El trabajador o jubilado que no llega a fin de mes tiene “a su mano” la posibilidad de “tarjetear” sus consumos y, con un simple clic en el celular, accede también a un préstamo “pre acordado”. El sistema bancario, por esta vía, ha desarrollado un régimen de crédito que le permite debitar automáticamente, apenas el dinero ingresa a la cuenta el sueldo o la jubilación del mes. Las billeteras virtuales, por su parte, han extendido este sometimiento financiero a los trabajadores informales y con menos garantías de ingresos. En este caso, la tasa de interés que cobra lleva la prima de un riesgo elevado. La billetera se cobra por adelantado un préstamo que todavía no ha sido usado por medio del sobrecargo de intereses. Para muchos usuarios de crédito no bancarizados esta sumisión le habilita una compra en cuotas. Las tarjetas de crédito ocupan el lugar fundamental en este régimen usurario. ‘Ofrecen’ al usuario la alternativa del “pago mínimo”, y la financiación de los saldos a tasas que crecen exponencialmente con el aumento de la porción no pagada de la tarjeta. Por esa vía, imponen sobre el usuario un crédito compulsivo, con una suba espiralada de los intereses y una deuda que se torna vitalicia. Las billeteras tienen sobre los bancos la ventaja de que no deben constituir reservas mínimas y pueden prestar contrayendo deudas sin la supervisión que existe sobre los bancos. La crisis de los endeudados plantea una cuestión sistémica, que excede quitas, refinanciaciones y mayores tasas de interés.

Pedro Pablo Verasaluse  

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